Ójala hubieras estado
domingo, 2 de diciembre de 2012
Arkham, 26 de octubre de 1920
Paciente: No identificado
Anexo al informe psiquiátrico
Doctor William Pike
Sanatorio de Arkham
El paciente sigue delirando. Únicamente habla en sueños y pasa los días sumidos en alucinaciones febriles. Las enfermeras hacen guardia junto a él por las noches con órdenes mías de escribir todo lo que diga.
El comisario Muldoon no para de presionarme. Le comprendo, necesita dar una explicación racional a lo que pasó en esa casa. Pero dudo que pueda sacar algo de este hombre, sus balbuceos están llenos de fantasías. Si tuviera algo para él, al menor podría pedirle que se encargue del perro que aúlla bajo la ventana del paciente.
Anoche el paciente estuvo más locuaz. Aun así, hubo que atarle a la cama y medicarle para evitar otro caso de violencia. Adjunto la transcripción de la enfermera Brown.
La mujer y yo nos encontrábamos en una sala con una camilla llena de unos restos de algo pestilente; no sabría describirlo. De repente, Duke ladró; nos giramos y detrás nuestro apareció un hombre corpulento, con la mirada perdida, y un machete entre sus manos.
No vi llegar el golpe. La mujer gritó algo, Duke ladraba. Mi brazo izquierdo colgaba inerte y pude percibir a través de una neblina de dolor cómo un dedo colgaba más abajo que los demás.
En ese momento la habitación se quedó a oscuras. O quizá era mi vista que me había abandonado. Alguien pasó corriendo junto a nosotros empujándome y la mujer gritó, pero esta vez el grito fue de terror.
Con la única mano hábil que me quedaba, golpeé con mi hacha y escuché el sonido del hueso quebrándose. Seguí golpeando febrilmente mientras Duke ladraba a mis pies, y ladraba, y yo golpeé hasta que la habitación se sumió en un silencio profundo.
Me deje caer al suelo un par de minutos, pensando en por qué ya no escuchaba a la mujer. Poco a poco empecé a vislumbrar sombras a mi alrededor; ¡gracias al cielo no había perdido la vista! Sobre la camilla había un cuerpo sanguinolento al que Duke seguía gruñendo. Pero ya no se movía. Me tranquilicé al pensar que Duke nunca gruñiría a una muchacha bonita.
La única luz provenía de una puerta al fondo de la sala de los horrores en la que me encontraba. ¿Quién era ese hombre que yacía muerto frente a mí? En todos los años que había pasado en la calle, nunca encontré alguien con esa mirada. ¿Por qué me había atacado?
Atravesé la puerta del fondo intentando escabullirme a un lugar donde recuperar la compostura y no tuve tiempo de acostumbrarme a la luz cuando me encontré de frente al detective forcejeando con otro desconocido. El detective se giró hacia mí apuntándome con sus pistolas. ¡Dios! ¡Tenía también esa mirada! ¿Qué tiene esta mansión que hace que la gente se vuelva loca?
El desconocido se abalanzó hacia el detective y sin pensarlo dos veces lancé mi hacha hacia él mientras el detective se giraba y le disparaba. Juro que vi cómo las balas le impactaban, pero aun así derribó a un lado al detective y vino hacia mí.
No podía mover un brazo y, allá donde hubiera caído el hacha, estaba fuera de mi alcance. Con una fuerza inhumana me levantó por los aires y, a continuación, terminó de arrancarme el dedo que el otro maníaco me había dejado colgando.
Me derrumbé de dolor y evité el desmayo únicamente gracias a los ladridos de Duke y al zarandeo del detective. ¿Qué me decía? Puso una pistola en mi mano y salió corriendo por la puerta. Le seguí atravesando el laboratorio e intentando no mirar el cuerpo que allí yacía. Duke, compañero, ¿qué nos está pasando? ¿Cuándo acabará esto?
Le alcanzamos al final del recibidor. El detective y yo levantamos nuestras armas y corrimos hacia él disparando. El gran espejo de la pared capturaba nuestros reflejos al pasar; no debo mirarlo, no me puedo enfrentar a esa mirada.
Devuélveme
mi
dedo.
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